Unidad de trastornos de conducta en ancianos

Una consecuencia de las demencias asociadas al proceso de envejecimiento, como la demencia senil o el Alzheimer, son los trastornos de conducta.

Alteraciones y modos de comportamiento que afectan a la manera en que estas personas perciben la realidad y se relacionan consigo mismas y con los demás. Formas de comportamiento persistentes que conllevan dificultades de adaptación social, haciendo muy difícil la convivencia.

Nuestros centros están preparados para asumir estos trastornos, con una atención rehabilitadora en los aspectos emocionales y conductuales de la persona. Para casos extremos, cuando la demencia u otro trastorno mental presentan alteraciones que producen graves dificultades de adaptación y de relación con los demás residentes, manifestando comportamientos disruptivos y agresivos de manera continuada, disponemos de unidades especializadas de trastornos de conducta.

Nuestros centros están preparados para asumir estos trastornos, con una atención rehabilitadora en los aspectos emocionales y conductuales de la persona.

Estas unidades están diseñadas para ofrecer con la máxima calidad las atenciones y cuidados que cada persona necesita.

Asegurando su bienestar y seguridad y la del resto de residentes. Nuestro compromiso con la dignidad de las personas nos obliga a hacerlo sin recurrir a contenciones físicas o farmacológicas, optando por terapias y cuidados de alta calidad profesional, en un acompañamiento continuado, y en unas instalaciones y mobiliario adaptado para residentes con estas alteraciones de conducta.

Nuestros profesionales actúan en contacto permanente con los servicios sanitarios, para garantizar una atención integral y plenamente coordinada en el tratamiento a los residentes con trastornos de comportamiento, con el mayor rigor científico y con toda la ética que estas intervenciones requieren.

Apoyamos a los familiares de los residentes con trastornos de comportamiento,poniendo a su disposición a nuestros especialistas en la materia para asumir la carga emocional que conlleva y para orientar las gestiones de carácter legal que pueda requerir.

Nuestros profesionales actúan en contacto permanente con los servicios sanitarios para garantizar una atención integral y plenamente coordinada.

Los trastornos de conducta en personas mayores, como agresividad, apatía, inquietud o oponer resistencia a los cuidados, afectan a su calidad de vida. Así como a su relación con el entorno y a su bienestar emocional, por eso en Vitalia damos mucha importancia a estas alteraciones en el comportamiento. El origen puede estar en enfermedades  neurológicas, factores psicológicos o cambios en el entorno y en su rutina diaria.

Hay varias causas, y dependen de cada persona. Estas son las más habituales:

  • Enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o la demencia.
  • Problemas de salud física como dolor crónico, infecciones o efectos secundarios de medicamentos.
  • Factores psicológicos como depresión, ansiedad o duelo.
  • Cambios en el entorno, como mudanzas, hospitalizaciones o la pérdida de seres queridos.

Se pueden expresar de diferentes maneras, entre ellas:

  • Agresividad verbal o física.
  • Inquietud y deambular constante.
  • Apatía o desinterés por actividades habituales.
  • Alteraciones del sueño y del apetito.
  • Negación a recibir ayuda o cuidados.
  • Comportamientos repetitivos o estereotipados.

La demencia es una de las principales causas de trastornos de conducta en personas mayores. A medida que la enfermedad avanza, el deterioro cognitivo puede generar frustración, confusión y dificultades para comunicarse. Y esto, a su vez, puede derivar en cambios en la conducta. Los episodios de agitación, ansiedad y agresividad son frecuentes en pacientes con demencia, y requieren un abordaje especializado, tal y como lo hacemos en Vitalia.

No siempre. El envejecimiento conlleva cambios en el estado de ánimo y en la forma de relacionarse, pero no todos indican un trastorno. Aunque, si estos cambios son persistentes, afectan su calidad de vida o interfieren en la convivencia, es recomendable buscar ayuda profesional para determinar la causa subyacente.

Son una causa de estrés, ansiedad y sobrecarga en los cuidadores y familiares. Para la persona mayor, pueden provocar aislamiento social, deterioro emocional y dificultades para recibir los cuidados adecuados. Por ello, es muy importante abordarlo de manera adecuada, para ayudar al paciente, y a su entorno, a mejorar su bienestar.

A pesar de que esto no va ligado a envejecer, puede ocurrir debido a enfermedades, dolor, miedo o dificultades para comunicarse. Ante ello es clave identificar la causa y buscar estrategias para llevar esta situación de la mejor manera posible, evitando la estigmatización de la persona mayor.

Es recomendable consultar con un especialista cuando los cambios de conducta:

  • Son persistentes y afectan la calidad de vida.
  • Provocan riesgo para la persona o su entorno.
  • Se acompañan de otros síntomas, como deterioro cognitivo o físico.
  • No mejoran con estrategias cotidianas o generan gran malestar en la familia.

Cada caso es distinto, por tanto hay varios tratamientos que se adaptan a las necesidades concretas de cada paciente. Algunos de ellos pueden ser:

  • Intervenciones no farmacológicas: terapia ocupacional, musicoterapia, técnicas de relajación y ajustes en el entorno.
  • Tratamiento farmacológico: en algunos casos, se recetan medicamentos bajo supervisión médica para controlar la ansiedad, la agitación o la agresividad.
  • Apoyo psicológico y terapéutico: para el paciente y su familia, mejorando la comprensión y el manejo del trastorno.
  • Mantener una rutina estable y predecible.
  • Proporcionar un ambiente tranquilo y seguro.
  • Fomentar la comunicación con paciencia y empatía.
  • Favorecer la participación en actividades placenteras y estimulantes.
  • Evitar confrontaciones directas en momentos de agitación.

Sí, un entorno en el que una persona no se siente cómodo, y en el que no se cubren sus necesidades tanto físicas como emocionales, puede aumentar el estrés y la ansiedad. Al igual que ocurre con espacios ruidosos, cambios constantes o falta de estímulo, que pueden contribuir a la aparición de problemas de conducta. En estos casos es importante adaptar el entorno, haciéndolo más seguro y cómodo, para reducir y prevenir estos trastornos.

El envejecimiento conlleva cambios naturales en la personalidad y el estado de ánimo. Ahora bien, cuando estos cambios son extremos, afectan la vida diaria o generan sufrimiento, pueden indicar un trastorno de conducta que requiere atención especializada. Si necesitas ayuda para su diagnóstico, contacta con nuestro equipo y te ayudaremos.

El cuidador es fundamental para ofrecer apoyo, comprensión y estabilidad. Su labor incluye identificar desencadenantes, aplicar estrategias adecuadas y garantizar un entorno seguro y estructurado. Esta labor implica de una gran implicación y conocimientos específicos.

Sí, hay ciertas actividades que se recomiendan en personas con trastornos de conducta o alteraciones en su comportamiento. Estas son algunas:

  • Ejercicio físico moderado para reducir la ansiedad.
  • Terapias creativas como música, arte o jardinería.
  • Juegos de estimulación cognitiva.
  • Terapias psicológica para mejorar la conexión emocional.

Sí, con un enfoque adecuado, es posible mejorar la calidad de vida del adulto mayor y su entorno. La comprensión, el apoyo emocional y las estrategias adaptadas a cada caso hacen una gran diferencia, favoreciendo el bienestar y la tranquilidad tanto del paciente como de su familia y entorno.

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